Nunca te abandonaré, me dijo mientras se iba

“Soy tu paz”, solías decir en esos momentos tuyos y míos, y “nunca voy a abandonarte”, “siempre estaré para ti” y “te lo juro por el sol que me alumbra”, “mientras exista jamás estarás sola”, “porque me has dado tanto o más de lo que he merecido, tus momentos, tus ternuras, tus besos y tu ser, toda tú te me has entregado y yo, yo a cambio prometo nunca más dejarte”, -decías mientras besabas la cruz y mirabas al cielo…

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Nunca te abandonaré, me decías… Y así son las palabras tiradas al viento, los años pasan, ¡la vida pasa! Y como dulce torrente te llenas de recuerdos del ayer… Te llenas de esas frases tan bonitas que al oído te decían, y sí, es verdad: los años pasan igual que las nubes en el cielo que al girar del viento, pues rápido se desvanecen, como se desvanece el amor sentido. Las caricias fugaces que hoy son luz, mañana sólo son bruma que lastima y hiere. Bruma que no te deja ver el camino, y se desvanece el sentir; y el amor inconcluso atormenta el alma, y el ayer hermoso lo llenas del fango de sus palabras, falacias y utopías…

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Ayer fuiste luz en mi vida, iluminabas mi alma, mi ser y mi corazón. Pero hoy, hoy al contacto de tu nombre sonrío, sólo sonrío porque me tiembla el alma de sentimientos encontrados que me llenan de hastío, de volver al ayer y no caminar ese sendero contigo, ¡y ser feliz!… Por saber a qué sabe el alma enamorada, saber qué se siente al tener una mano sobre la mía, y el abrazo protector que me haga saber que todo está bien…

Hoy recojo las escorias de la vida y me envuelvo de amor, de paz, de ternura y de fresca brisa que me hace dislocar el pensamiento y ser una mujer reparada: que aquéllos trozos del alma mía los pegó la cordura y la sensatez. Hoy te volviste bruma en el pensamiento, y aquéllas alas parchadas por el sufrimiento van sanando y de nuevo he vuelto a volar como aquélla gaviota que surca el vasto mar, mi mar: con su blanca espuma y su suave arena. He dejado en las caracolas el lastimero gemir que me dejó tu olvido, y he vuelto a sonreír y me he puesto mi vestido de algas marinas y caracolas inquietas, me he perfumado con la suave brisa del ocaso y en mis cabellos brillan los plateados rayos de luna que me dan tentación, y me dan suspiros. El suave devaneo de mis caderas cual palmeras mecidas por el viento, se han vuelto como el dulce amanecer, porque no temo a tu recuerdo, porque no temo a tu ser, ¡porque soy mujer audaz que brilla en el anochecer!

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Fuiste paz, fuiste cordura, ¡es cierto!… pero, ¿sabes? Yo soy conciencia y audacia, brillo con luz propia y soy capaz de volar… porque me doy cuenta de lo grandioso que es ser libre, ser mujer, una hermosa y plena mujer.

Fuente: todamujeresbella 

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